presentación

Quiero que me enseñes el arte, quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
             -El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no has entendido estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
             -Pero, ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
             -Mis detractores, que son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un camino.

                                                            Extracto de "La rosa de Paracelso" de Jorge Luis Borges

La gente mira codiciosa un castillo que custodian muchos guerreros; en la puerta hay un guardián con un libro para escribir el nombre de aquel que sea digno de entrar. Un hombre intrépido se allega a ese guardián y le dice:
               "Anote mi nombre, señor". Luego saca la espada y se arroja sobre los guerreros.
                              
                                                            Leído en las Obras Completas de Jorge Luis Borges.

He tomado estos dos textos leídos a Borges porque creo que contienen mis anhelos y convicciones artísticas. El primer texto apareció premeditadamente en la página de presentación del primer libro que autoedité. Sé y presiento que hay un camino en el arte. En ese libro se deja constancia de ello aunque de una manera desordenada y sin precisión. Podría haberme esforzado más en referir los hechos y circunstancias que a lo largo de la historia del arte se dan en el mismo. Entendí que todavía no era el tiempo ni el lugar y que tan sólo estaba preparando el terreno. Por eso sólo aparecen en él bosquejos de esa teoría total del arte en evolución. Hoy día entiendo mejor esa secuencia concatenada de movimientos artísticos. Creo que todavía debo esperar a describir los hechos, las circunstancias, los razonamientos. Me urgen otras cosas, entre ellas esta página.
El segundo texto apareció en una de mis últimas exposiciones. La titulé "A la contra", de manera inconsciente, sin reparar en ese momento que en realidad estaba copiando el título de un artículo diario que acostumbra a salir en un periódico local. El motivo de esta frase fue hacer una metáfora del panorama actual del arte. Me ha costado entender que sin currículo nadie es capaz de hacerse oír, por muy buenas o interesantes que sean sus obras. En todo caso estimo que en el título y en la frase hay una disposición psicológica, una tesitura personal, que me hace enfrentado a todo lo que representa esa burocracia del arte, de obligada diplomacia social que ayude a engrosar ese forzado círculo de amistades artísticas, además de intentar abultar el currículo, los que carecemos de él, de manera artificial.
"Entre esos señores y yo hay algo personal", cantó Serrat hace bastantes años refiriéndose a los burócratas, los directivos, los ejecutivos de cuello blanco. El mundo del arte ha copiado las formas, las fórmulas más sofisticadas del capitalismo y ha conseguido añadir otra premisa más a aquellas con las que definiera Oteiza en Quousque tandem lo que fue y lo que es el arte. Podría decir hoy: "el arte es inversión, es especulación" y anularía sus otras premisas. Es lo que se puede deducir de algunas bienales y algunos concursos designados democráticamente a dedo. Es decir, tú presentas tu pobre currículo, tus grandes y pequeñas ideas, y lo más que puedes aspirar es a que se queden con ellas. Vendrá desde Madrid un señor omnisciente para asegurar la infalibilidad de "el fallo" (irónicamente lo llaman así), previo y tendencioso filtro, no se vaya a cansar para lo poco que cobra.
Será por ese estado de ánimo que no quiero entrar en ese círculo amplio y selecto, imprescindible por otra parte si uno quiere hacerse oír. No me queda más remedio que entrar con la espada en alto, empuñada, del mismo modo que aquel guerrero intrépido o suicida, según se mire, que se cuenta en esa parábola del Pilgrim´s Progress. Prefiero eso a tener que ir apretando manos y palmando espaldas (ni siquiera tengo esa posibilidad, hay que reconocerlo) porque no quiero un sitio para mí, que no tengo talento, sino para alguna de mis obras, que sí lo tienen, y que han dado en el clavo, creo, por un extraño azar.
Una página web puede que sea en muchos casos nada más que un mensaje cifrado en una botella naufragando en Internet, que apenas nadie abrirá y leerá. Pero por otra parte, hay millones de lectores potenciales. Yo la escribiré como si lo hiciera para cada uno de ellos. Además siempre me queda la imaginable esperanza de que puede ser una espada en alto, filosa, cortante, desnuda y amenazante; y no hay guardián que la pueda esconder o detener, a nos ser el olvido, el temible y doloroso olvido.

El segundo motivo de esta página tiene menos que ver con el arte que con divulgar las ideas sobre economía, política o filosofía. Hay que tener en cuenta que mi primera fase de creatividad artística aportó esas inquietudes y que mi primer cuadro de exposición fue precisamente "El original pecado capitalista". Hay dos tipos de arte: el que cuida con esmero las formas y el que potencia los contenidos. Yo he tenido que abrazar este último recurso porque tenía algunas cosas que contar, cosas que dijeron en libros Marx, Marcusse, Rueff, Orwell, Borges, etc...Después, esas palabras tan poco moldeables para ser reflejadas en arte dejaron paso a especulaciones artísticas que surgieron por la lectura de Quousque Tandem, algunas conferencias y muchas visitas a museos. Más tarde, el arte se hizo amable conmigo y fui olvidando mis antiguas pretensiones.
En todo caso, ahora que ya no practico la pintura o la escultura de denuncia, coloco en esta web, en la sección revistaweb, aquellas reflexiones que antes fueron hechas a pincel y que ahora se apoyan en la manejabilidad de la palabra, en la prudencia de la reflexión y en la extensión de los comentarios para trazar un círculo mágico, una trampa artesana, en la que se queden las cuatro o cinco ideas importantes que me quedan.